Entrevista con Sandra Ferrer, directora de La Coordinadora, con motivo de la V Conferencia Ministerial de Política Exterior Feminista
Publicado el 16/06/2026.
En un contexto marcado por el aumento de los conflictos, el retroceso democrático, las ofensivas anti-derechos y los recortes en la ayuda internacional, Sandra Ferrer analiza los desafíos que enfrentan hoy las políticas exteriores feministas. Destaca la necesidad de redistribuir el poder y los recursos, reforzar el apoyo a los movimientos feministas y a la sociedad civil, y situar la igualdad, la justicia y los cuidados en el centro de una cooperación internacional verdaderamente transformadora.
Entrevista con Sandra Ferrer, directora de La Coordinadora
Focus 2030: Desde la adopción de las primeras políticas exteriores feministas, el contexto internacional ha cambiado significativamente: aumento de los conflictos, retroceso democrático, ofensivas anti-derechos y recortes en la ayuda internacional. ¿Cómo evalúa la evolución de la política exterior feminista en la actualidad? ¿Dónde observa todavía las principales brechas entre los compromisos políticos y su implementación?
Sandra Ferrer : La puesta en práctica de los compromisos políticos, es decir, su traducción en acciones concretas, es siempre la parte más difícil, especialmente cuando se trata de impulsar agendas transformadoras. Además, el aumento de los conflictos, la reducción del espacio cívico y el avance de corrientes neoliberales que cuestionan derechos fundamentales generan obstáculos adicionales para que la Política Exterior Feminista se convierta en una realidad verdaderamente transformadora. El propio concepto continúa evolucionando en respuesta a estos cambios y debe adaptarse constantemente a las nuevas realidades geopolíticas, lo que exige un proceso continuo de reflexión, aprendizaje y revisión.
Los principales desafíos siguen estando relacionados con la financiación y la redistribución del poder, ya que es en estos ámbitos donde se producen los cambios reales y duraderos. Las organizaciones de la sociedad civil se enfrentan a amenazas y restricciones crecientes, mientras que el espacio cívico continúa deteriorándose en muchas partes del mundo. En este contexto, las organizaciones necesitan apoyo político y financiero real por parte de los gobiernos, no solo declaraciones de compromiso. Invertir en mecanismos de financiación feminista es fundamental para fortalecer los espacios democráticos, y destinar recursos que permitan sostener a las organizaciones de base, que enfrentan cada vez mayores dificultades para desarrollar su labor, es hoy más importante que nunca.
Esto también implica replantear tanto el origen como la distribución de los recursos desde un enfoque basado en los derechos, interseccional y decolonial, que no reproduzca ni profundice las desigualdades estructurales históricas. La financiación debe ser flexible, directa, accesible y equitativa. En este sentido, la Política Exterior Feminista representa un compromiso con la inversión en procesos de largo plazo y en la construcción de relaciones basadas en la confianza que permitan una transformación social sostenible, en lugar de centrarse únicamente en proyectos aislados y de corta duración.
¿Cómo medir el avance de los compromisos y la rendición de cuentas de los Estados que impulsan la Política Exterior Feminista? Es un desafío, pero también una necesidad, tal y como expresó el Foro de la Sociedad Civil sobre Políticas Exteriores Feministas.
Las desigualdades y las distintas formas de violencia que sufren mujeres, adolescentes y niñas en todo el mundo tienen sus raíces en estructuras sociales, culturales, económicas y políticas construidas y reforzadas a lo largo del tiempo. No se trata de fenómenos aislados ni temporales. Por ello, cualquier estrategia destinada a abordarlas debe reconocer su carácter estructural para generar cambios significativos y duraderos.
Asimismo, desde esta misma perspectiva decolonial, es fundamental cuestionar quién toma las decisiones políticas y quién detenta el poder. La participación colectiva no puede seguir siendo un gesto simbólico ni un privilegio reservado a unas pocas personas. Debemos avanzar hacia una redistribución más equitativa del poder que reconozca los conocimientos, la experiencia, el liderazgo y la capacidad de transformadora de las organizaciones y movimientos del Sur Global. Las personas más afectadas por las desigualdades, la discriminación y la violencia deben desempeñar un papel central en la definición de las políticas destinadas a combatirlas.
Mientras estas condiciones no se cumplan, será difícil hablar de una Política Exterior Feminista verdaderamente transformadora. Los avances logrados desde que Suecia adoptó este enfoque en 2014 son innegables, y es importante reconocer los esfuerzos realizados desde entonces, incluida la primera Conferencia Ministerial sobre Políticas Exteriores Feministas celebrada en 2022.
Sin embargo, mientras no se redistribuyan de manera efectiva los recursos, el poder y la toma de decisiones, la Política Exterior Feminista seguirá siendo más una aspiración que un marco político transformador capaz de generar cambios sistémicos.
Focus 2030: En un momento en que varios países donantes están reduciendo sus presupuestos de ayuda oficial al desarrollo, ¿qué papel deberían desempeñar las políticas exteriores feministas para proteger el apoyo a la sociedad civil, la igualdad de género y la cooperación internacional?
Sandra Ferrer : El papel de las Políticas Exteriores Feministas en este contexto es doble. En primer lugar, deben replantear la forma en que se asigna y distribuye la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Como señalaba anteriormente, los gobiernos deben evaluar de manera crítica si los recursos están llegando realmente a las organizaciones que más los necesitan, si los mecanismos de acceso son equitativos y si las organizaciones con menos recursos, pero a menudo con mayores necesidades, pueden acceder efectivamente a las oportunidades de financiación. Debe prestarse especial atención a las organizaciones y movimientos feministas, que son cada vez más objeto de ataques por parte de actores anti-derechos, sufren restricciones crecientes del espacio cívico y suelen ser de los primeros en verse afectados por los recortes de financiación internacional. Estas organizaciones trabajan directamente con las comunidades que sufren las consecuencias de este contexto de múltiples crisis.
Para responder a estos desafíos, los gobiernos donantes deberían adoptar mecanismos de financiación más flexibles, accesibles y adaptados a las realidades que enfrentan estas organizaciones. Esto implica también alejarse de modelos de rendición de cuentas excesivamente burocráticos que suelen crear importantes barreras de acceso, especialmente para las pequeñas organizaciones de base, sin mejorar necesariamente la transparencia o el impacto. Un enfoque feminista de la financiación debe priorizar la confianza, las alianzas a largo plazo y la apropiación local, reconociendo que el cambio social sostenible no puede alcanzarse mediante ciclos de financiación cortos y altamente restrictivos.
En segundo lugar, las Políticas Exteriores Feministas deben desempeñar un papel político en la defensa de los derechos humanos y el derecho internacional, la democracia y la paz, la cooperación internacional, la igualdad de género y el espacio cívico, precisamente en un momento en que todos ellos están siendo cada vez más cuestionados.
En un contexto en el que varios países donantes están reduciendo sus presupuestos de ayuda y los discursos anti-derechos ganan influencia, la Política Exterior Feminista debe constituir un contrapeso, reafirmando que el apoyo a la igualdad de género, los derechos humanos y la sociedad civil no es opcional ni secundario, sino esencial para construir sociedades pacíficas, democráticas e inclusivas.
Esto implica utilizar la influencia diplomática para proteger a las personas defensoras de los derechos humanos y a las activistas feministas, fortalecer las alianzas entre gobiernos comprometidos con la igualdad y garantizar que la cooperación internacional siga siendo una inversión estratégica y no un gasto sujeto a decisiones coyunturales. En un momento de recursos cada vez más limitados, las Políticas Exteriores Feministas no solo deben mejorar la manera en que se distribuyen los fondos, sino también defender políticamente por qué la cooperación internacional y el apoyo a la sociedad civil son hoy más necesarios que nunca.
Focus 2030: El Comité de la Sociedad Civil aspira a elaborar una declaración y recomendaciones para alimentar los debates de la Conferencia Ministerial. ¿Cuáles son los mensajes clave que los Estados ya no pueden permitirse ignorar?
Sandra Ferrer : Las declaraciones son importantes porque generan compromisos, marcan una dirección política y ofrecen una base para la rendición de cuentas. Sin embargo, las declaraciones por sí solas no son suficientes. El principal mensaje que los Estados ya no pueden permitirse ignorar es que el futuro de las Políticas Exteriores Feministas no estará determinado por las conferencias o las declaraciones políticas, sino por la voluntad y la capacidad de redistribuir el poder, transformar las estructuras de toma de decisiones, fortalecer el multilateralismo y situar la sostenibilidad de la vida en el centro de las políticas públicas.
En un contexto marcado por el aumento de las desigualdades, el retroceso democrático, los conflictos armados y el auge de los movimientos anti-derechos, los gobiernos deben reconocer que el feminismo no es una agenda sectorial. Es un marco político para avanzar hacia el desarrollo sostenible, la igualdad, los derechos humanos y la paz.
No puede haber paz sostenible sin igualdad, ni una sociedad plenamente democrática mientras la mitad de la humanidad siga sufriendo exclusión, discriminación y violencia. Alcanzar la igualdad requiere no solo reconocimiento legal, sino también paridad en el poder y la representación, así como la garantía de que mujeres y niñas puedan vivir libres de toda forma de violencia.
Los Estados también deben reconocer que los movimientos feministas y las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres no pueden seguir esperando. La historia ha demostrado repetidamente que posponer la justicia de género en nombre de otras prioridades suele significar negarla por completo. El contexto actual exige urgencia, no retrasos. Esto requiere ir más allá de los compromisos simbólicos y garantizar que los actores feministas dispongan de los recursos, la influencia y el espacio político necesarios para participar en las decisiones que afectan a sus vidas y comunidades.
Al mismo tiempo, las Políticas Exteriores Feministas deben enfrentar las desigualdades históricas y estructurales. Los legados de la colonización, el extractivismo y los desplazamiento forzados no pueden seguir siendo periféricas en estos debates; deben reconocerse como elementos centrales para comprender las relaciones de poder contemporáneas. Por ello, un enfoque feminista debe basarse en principios decoloniales, de derechos humanos e interseccionales que cuestionen, en lugar de reproducir, las desigualdades existentes.
Financiar la igualdad no es opcional; es un imperativo estratégico. Los Estados y los donantes deben pasar de una lógica de propiedad de los recursos a una lógica de corresponsabilidad. La cooperación feminista debe construirse sobre cuatro pilares interconectados: derechos, representación, recursos y alianzas. Esto implica trabajar de manera conjunta con las organizaciones feministas, reconociendo su liderazgo, priorizar un apoyo flexible y a largo plazo a los movimientos de base y reconocer su experiencia, liderazgo, conocimientos y capacidad de acción.
En definitiva, las Políticas Exteriores Feministas deben seguir siendo políticas, transformadoras y estar arraigadas en los cuidados, la justicia y la solidaridad. Las mujeres y las niñas no pueden convertirse en moneda de cambio en momentos de incertidumbre política o restricciones presupuestarias. Si los Estados realmente quieren avanzar hacia la igualdad, la democracia y la paz, deben ir más allá de la retórica y comprometerse con los cambios estructurales necesarios para hacer realidad esos objetivos.
Nota: las opiniones expresadas en esta entrevista no reflejan necesariamente las de Focus 2030.
Entrevista traducida del inglés por Focus 2030. Para consultar la versión original, referirse a este artículo.





